It´s my party

El día de hoy, tras haber degustado un rico, pero empalagoso, pastel de chocolate en la fiesta de Vivi, no pude evitar que llegara mi, el recuerdo de aquellas fiestas infantiles que alguna vez alegraron mis cumpleaños, aaah, aquellos días. No puedes celebrar tu natalicio más que una vez al año, por ello, las fiestas de cumpleaños solían ser un evento sin comparación en la familia Díaz:  En cada fiesta infantil,se echaba la casa por la ventana, nuestra humilde casa se adornaba con serpentina, confeti y muchos globos, se compraban juguetes y muchos dulceros, mi hogar se aglutinaba de pequeños seres indeseables ansiosos de comer dulces y pastel.
      Entre gritos, alaridos de júbilo y una que otra tarvesura, los lindos mocosuelos se encargaban de alegrar la reunión, así era, todos estaban bastante felices excepto el niño festejado: aquel niño mimado, se la pasaba sentado en alguna silla o jugando su game boy hasta que era hora de partir el pastel, en aquel momento, todos aquellos pequeñines amigos de lo ajeno, se reunían alrededor del pastel para canturrear las mañanitas, acto seguido, todos desaparecían en un parpadeo (con su plato de pastel en mano) para seguir con su propia celebración.
     No es que no fuese divertido, bueno, al menos no para los invitados; en mi caso, las fiestas eran un terrible tormento que culminaba en el instante en que llegaba mi nuevo vídeo juego, antes de eso, debía ser educado y servir a todos mis invitados, ser amable y ofrecerles todo lo que desearan, permitir que entraran y salieran de mi cuarto a placer, repartir confeti, darles pastel... Al final de todo, me daba cuenta de que no conocía a la mitad de los niños que estaban ahí, es más ¡Algunos de ellos desconocían mi nombre! Pero era mi deber hacerlos felices ¿Y por qué? ¡Ninguno de ellos me invitaba a jugar o me quería en su equipo de futbol! Algunas veces, tras haber recibido regalos y pastel, no aparecían por mi casa hasta el siguiente año.
     Yo nunca había deseado una gran fiesta, si hubiera sido por mi, la reunión habría sido espléndida sólo con mis familiares; nunca quise correr, gritar, romper la piñata ni nada de eso, muchas de esas actividades requerían un mínimo de habilidad física que yo no poseía, no le veía gran sentido. Con el paso de los años, pude percatarme de que cada fiesta infantil que fue celebrada en mi honor, tenía el simple propósito de ser un pretexto para que yo pudiera sociabilizar con otros niños... Esa era la cruel verdad, muchos de los niños invitados eran mis vecinos o hijos de algún primo de mis padres, sin embargo, nunca pude entablar relaciones amistosas con ellos, para ser sinceros, no parecía haber interés en dicho objetivo por ninguna parte.
     Tal vez sería mi gusto por leer comics o por el sega génesis, mi falta de habilidad por los deportes o mi escaso conocimiento de las actividades "de onda entre los niños", cualquiera que haya sido la razón, las fiestas infantiles no fueron tan grandiosas como lo serían años después: una reunión sobria entre mis familiares más cercanos, un pequeño pastel y algunos regalos, mi música preferida y nada de ser servil con nadie... Qué egoísta ¿No?¿Aburrido? De ningún modo,  cada niño, debería tener el derecho elegir las actividades que más le den alegría, el no ser popular o sociable; no es sinónimo de ser un niño infeliz, después de todo, no me desagradan en mínimo las fiestas, solo que, en mi opinión totalmente prejuiciada y llena de vicios, las celebraciones infantiles se disfrutan más sin tantos niños ¡Salud por eso!


     

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Frutástica

Memorias de la Sierra

Pausa