Cooperativismo cultural

La tendencia mundial es compartir, interconectarse, relacionarse, distribuir, copiar y disfrutar... El internet nos ha permitido tener lazos con personas, países, empresas y culturas de todo el mundo, es algo que no tiene freno, acelera exponencialmente; si no me creen, basta con voltear la mirada a Brasil donde, desde hace algunos años, la onda es el remix (mezcla música y video de todo el mundo, con licencia copyright, para crear algo nuevo y original sin fines de lucro), la producción de bienes culturales independientes (de los cuales hablaré en otra entrada) y el cooperativismo.
 
     Por cooperativismo, me refiero a la tendencia a interactuar, mediante internet, para lograr objetivos comunes; aún pese a estar a miles de kilómetros de tus colaboradores, no importando que en tu vida los hayas conocido, lo que realmente los mueve son gustos y metas comúnes: el caso que más me agradó fue la posibilidad de llevar hasta Brasil a varios artistas internacionales de renombre, mediante una petición colectiva de los mismos brasileños.
 
     El procedimiento, más o menos, fue así: conoces dentro de foros a miles de personas con un fanatismo desbordado en común por alguna banda; surge la iniciativa de traer a un artista a tu país de origen, para ello, todos los involucrados cooperarán para poder traer la banda (y pagarle sólo a la banda) por su presentación (así es, sin OCESA de por medio); gracias a la participación de colectivos de gestión cultural, se crea un contacto con dicha banda y se le hace una propuesta seria, para ello, será necesario que los artistas estén dispuestos a ganarse una lanita pues... modesta, pero hacerlo con gusto n_n (no creo que Bono lo haga por que sus fans lo pidan, pero The National lo hizo); se hace publicidad al evento y así se inicia con la recaudación de un monto aceptado por la banda, cualquiera puede entrarle (eso incluye empresas, pero ellos no obtendrán ni un quinto de lo que se destina al artista); la lógistica esta en manos de los organizadores del evento pero, tu como participante, no sólo disfrutas de un concierto (por el cual ya pagaste) sino que, además, eres también el intermediario que ha traido a una gran banda para beneplácito de "la bandota".
 
     Esto por supuesto tiene sus limitantes: las bandas que le entran a esta dinámica no suelen ser aquellas llena estadios que ganan miles de millones de dólares al año (hojaldras), suelen ser bandas con renombre que buscan acrecentar su prestigio a nivel mundial; entre ellas, Vampire Week End, The national, y LSD Sound System. Muchas de estas bandas han entrado en una dinámica alterna a la que permite el mercado internacional de la industria musical: se saltan a los poderosos detentores de los derechos de autor o copyright ¡Así es! La mayor parte de los artistas ganan más en sus conciertos que vendiendo discos pero, al organizar una gran tocada, gran parte de la lana se destina a pagar derechos de distribución, logística, promoción, derechos de reproducción de las obras...
 
     Muchas veces, esas ganancias van para aquellas empresas que, en un afán "altruista" y desinteresado fomentar eventos culturales y beneficiar al consumidor, llegan a pactos con los representantes de los artistas que les generan ganancias exorbitantes, en consecuencia, el chistecito tendrá que ser solventado por alguien: quienes mejor que miles de fanáticos que harían lo que fuera para adquirir sus boletos para el corona (aunque cuesten entre 900 y 1400 varos, si, estoy ardido).
 
     El cooperativismo que demostró la gente en Brasil, es una gran muestra de cómo puede dársele la vuelta a las dinámicas comunes del mercado: en vez de pagar 1400 pesos para pagar a representantes, intermediarios y artistas, se paga una proporción menor que se destinará sólo al autor de las obras que quieres escuchar, increible ¿No? Además, esta tendencia se está esparciendo como la gripa: cada vez más bandas en el mundo entran a estas dinámicas con el interés de ganar más fans, satisfacerlos y promocionar sus obras sin necesitar de representantes o la mediación de empresas gandallas.
 
     De este modo, la cultura se esparce en el mundo con o sin el consentimiento de intermediarios (que realmente son pocos) interesados en generar cada vez más ganancias, por supuesto, el artista también quiere ganar una lana pero ¿A quién no le gustaría ver a DAFT PUNK en México (de nuevo) gracias a una petición de sus miles de fans? Yo, la verdad, si le entro; solo falta que sus representantes, las disqueras, empresas nacionales,coorporaciones internacionales, organizadores, autoridades locales y el dúo frances lo quieran... Jeje, tal vez no sea tan fácil pero, poco a poco, más y más personas nos damos cuenta que, dentro de una emergente cultura digital, es imposible crear suficientes barreras que detengan la difusión de la música en todo el mundo.
 
      ¡Copiad cultural jammers! ¡Copiad! Rompamos esa frontera, ya lo hemos hecho con muchas otras...
    

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