Nevermind Sigmund Freud
Respira... permite que los alvéolos en tus pulmones puedan absorber el oxígeno necesario para que vivas, no más ni menos de lo necesario, debes respirar para vivir. Vivir es lo único que importa cuando de tu organismo se trata: come, defeca, transpira, duerme, reproduce tu especie, respira.
Si tus pulsos emocionales han comandado que vivas ¿Por qué negarte? No puedes decir que no, tu cuerpo te lo pide: tu piel, tus ojos, tu lengua, tus manos, tu sexo, harán lo posible por satisfacer lo que tu niño interior pida, pero nunca es suficiente, respira... Al fin de cuentas no estás totalmente sólo, no eres exactamente igual a otros, no puedes perderte entre una inmensa masa gris que, de forma automática, actuará de acuerdo a sus pulsaciones instintivas, Freud no lo habría querido así ¿O tal vez si?
¿Y si te dieras cuenta de que siempre has vivido bajo un velo que fue impuesto ante tus ojos desde el momento en que naciste? ¿Es posible vivir de forma plena sin conocer los alcances máximos de tu ego? Entregarte a un afluente de emociones, de experiencias, sabores, sensaciones, visiones y (¿Por qué no?) deseos ocultos, latentes, impacientes por salir, por fijarse en aquel objeto (sujeto) que te causa satisfacción. No, no todos podrían vivir así, relájate, calma.
Al fin de cuentas no importa, no importa bajo que telón se oculte tu mirada, siempre hay una energía presente que dará origen a muchas de tus acciones: algunas de ellas encaminadas a destruirte, otras más destinadas a dar vida: somos dioses y a la vez sirvientes, responsables de nuestros actos y esclavos de nuestras necesidades orgánicas, por lo tanto, anclados a realizar aquello que nos permita preseverarnos como especie, como personas, individuos que conviven en sociedad, gente que transita por las calles ocultando que, bajo su piel, existen impulsos que le dan vida, respira...
Comentarios
Publicar un comentario