Open up, make room for me

"Aquí", en cualquier circunstancia, se vuelve un asunto de miedo, presión, angustia... Debes estar acostumbrado a vivir al borde de la navaja, esperar lo menos probable y, al mismo tiempo, tener la habilidad de mimetizarte entre la fauna local sin que esto cause estragos en tu ser. - Maldita práctica autodestructiva- detesto admitir que deambulé por esas calles en compañía de los indeseados. Adoro perderme entre ellos...

     Siempre los he odiado: seres que graznan a todas horas, buscando el pan de cada día de la forma más cómoda posible, hurtando, robando, rezando... Gusto de divertirme junto a ellos: sus "inofensivos" placeres mundanos marcan la pauta a seguir para todos los desdichados. La cerveza, la música de banda y los antros de moda desbordando seres repugnantes, son parte de su cotidianeidad -y la compartí por tantos años, que puto asco-.  

     Tomar vacaciones en otras tierras, cenas elegantes en familia, renta de cabañas en el bosque, tal vez un fin de semana de compras en la frontera... ¿Por qué no habría de resultarme atractivo? A nadie le importa; la organización con aires sindicales a la que perteneces no movería ni un dedo por ti. ¿¡Ese político al que defiendes a capa y espada (con la esperanza de ser el próximo chofer del "tapado")!? Tienen sangre en sus manos, la han derramado por la acera, en la primaria y en el centro de salud, hasta el "Centro de Sanación Celestial" se tiñó escarlata, ¿qué les impediría tomar tus muñecas y hacer una incisión?  Una lo suficientemente profunda para recordarte siempre tu maldito error: vivir aquí. No te apiades de esas rémoras, no les muestres tus brazos desnudos.

    Te equivocas, no soy lo que parezco: jamás he probado carne humana. No encuentro placer alguno en el sufrimiento ajeno, ¿qué es tan difícil de entender? ¡convivo con ustedes todo el tiempo! Supongo que jamás podré deshacerme de ese hedor; debes haberme percibido desde antes de entrar al edificio, siempre ha sido así: puedes saber de dónde provengo desde el momento mismo en que nos cruzamos en un pasillo, en los cubículos de la oficina de telemercadeo, en la barra de un restaurante, en tu taxi, del otro lado de la taquilla o, tal vez, saliendo del cine... ¿No merezco el beneficio de la duda? ¿Me dejarías pasar? Apuesto que sí...





    
    

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