Back to the basics



     No importa cuántas veces lo intente,  el resultado es el mismo siempre: una repentina angustia invade mi cuerpo, y todo parece adquirir su verdadero tono, no es para nada la misma paleta de colores que podía percibir cuando era un niño, ese sitio no es mi hogar, no se siente así.

     Esos espacios cambiantes, irregulares, todo el tiempo polvosos y atiborrados de seres dispuestos a cambiar de ritmo, por breves instantes, su fin de semana siempre igual... puestos ruidosos, saturados de tonos naranja y con basura por doquier; locales ilegales que igual pueden vender juguetes que discos pirata o soluciones milagrosas para el mal de ojo y la diabetes; puestos de frutas y comida chatarra, algunos comercios dedicados a la venta ilegal de alcohol y... ¿¡tatuajes?! Sí, también te tiñen la piel al lado del camellón. Alguna vez estos sitios me parecían parte de lo cotidiano, sin causarme mayor molestia, ahora no puedo soportarlos.

    Una mujer en silla de ruedas atraviesa sobre el camino mal pavimentado para exigir una moneda, porta una pijama de osos (o un recuerdo de lo que alguna vez fue Winnie Pooh) y un delantal sucio: aquellos que podrás encontrar en las cocinas de las casas humildes, esas prendas húmedas y malolientes con patrones y colores similares, a veces una flor o algún diseño que las hacen ver más horrendas aún...  El día de una señora que transita sin mayor novedad: vendiendo solo unos cuantos paquetes de cerillos y algunas bolsitas de ajo, ¿qué más podría hacer? Exigirme dinero (por supuesto): su calavérica mano se extiende la distancia necesaria para arrebatarte tu piedad, "clemencia por una pobre anciana que ahora no tiene dinero para comer"; a las pocas horas de haber recibido unas (quién sabe cuántas) monedas, su puesta en escena debe dar un giro: sus piernas débiles y desnutridas adquieren la suficiente fuerza como para levantarse de la silla de ruedas y caminar el largo tramo que la lleva a casa, auxiliada por (no sé) su hija, culmina un día laboral repartiendo ganancias con sus desgraciados familiares que han sorteao todo el día en actividades similares, la cena está servida, ¡gracias Diosito por la caridad!

 












    

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