Visita inesperada
La
muerte vino a mi, se aproximó como una sombra gigantesca, sin forma definida. En
un parpadeo, me encontré de frente a la entrada de la casa de mis padres, me
asomé por las rendijas y noté que alguien venía corriendo a recibirme. Llevaba
ese estúpido corte mohawk que siempre le pedía a su estilista, un extravagante
homenaje al bajista de los Tigres Del Norte; en el momento en que abrí la
puerta, salió disparado hacia la calle, corriendo en círculos, dejando pequeñas
nubes de polvo a su paso, aprovechó para orinar unos árboles y se acercó a mi
levantando las patas delanteras, dio una vuelta y se tendió panza arriba para
que pudiera rascarlo.
Entré a casa, tomé su correa y
salimos hacia el camellón, haciendo una escala técnica a media avenida como
siempre, los automovilistas me detestaban. Corrimos hacia el camellón repleto
de basura y los restos de lo que alguna vez fue un esfuerzo por reforestar el
lugar, su sitio preferido en el mundo: un verdadero chiquero, hogar de adictos, muebles destartalados e incontables restos de botellas de vidrio.
Después de defecar, correr en círculos y
descansar en las llantas que vestían a un enclenque arbolito, mi camarada
peludo me dirigió a los puestos de garnachas del mercado: tras suplicar de
forma infructífera para probar algo de comida, le di un tirón a la correa y regresamos
corriendo por una amplia avenida. En un punto del trayecto, nos esperaba una
bestia que, a ladridos, procuraba ahuyentar a cualquier extraño que se acercara
a su vertedero / hogar, era el único punto del viaje en el que debía cargar en
brazos a mi compañero, podía percibir su aroma tan peculiar: "shampoo del
perro consentido" y polvo.
Tras un
bien merecido tentempié, me recosté sobre aquel viejo sillón individual: una
pieza única de diseñador tapizada en pelos blancos y con agujeros por doquier.
Cuando por fin logré acomodarme, pude sentir humedad y calor justo en la
rodilla, una lengua totalmente mojada me imploraba por atención y un pequeño
espacio para descansar a mi lado, ¿cómo decir que no? Lo cargué y, tras unas breves
vueltas para evitar potenciales depredadores, se recostó sobre mi estómago y mi
brazo izquierdo, la postura más incómoda del mundo.
En ese momento la sombra
gigante re apareció, de ella, emergió una figura humanoide: poseía
muchos brazos, era oscura y tenía un enorme cráneo de ave sobre sus hombros, su cuerpo enrollado
en pliegues de piel tenía colgados cientos de trozos de papel con escritura
ininteligible. No sentí miedo, no sentí angustia. Aquella figura lúgubre abrió
su pico de par en par y me mostró una enorme telaraña de mucosidad cubriendo
todos los espacios, mi primer reacción fue voltear a ver a mi amigo, pero su
cara se estaba deteriorando, adelgazaba y se desvanecía sin que yo pudiese
hacer algo para evitarlo. La extraña presencia se dio la vuelta y retornó a su
sitio de origen, se había tragado la infección que alguna vez aquejó a mi
amigo, pero el precio por el alivio total es muy alto.
En ese momento mis ojos se abrieron, tenía el rostro totalmento empapado en lágrimas, traté de secarme con las manos, miré al
techo, me acosté de lado, no podía dejar de repetir la palabra "gracias".
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