¿Cuál es tu nombre?

Puedo verte pasar a mi lado una y otra vez, parece que compartiéramos la misma rutina, entrar y salir de los vagones del metro es nuestro pan de cada día: recibimos pisotones, jalones y malas caras, a veces, hasta podemos recibir alguna mala palabra pero, nuestros destinos no son los mismos. Sé que padeces mucho y que estás obligado a trabajar mientras otras personas se dirigen a sus trabajos, escuelas o destinos particulares, muchas veces, todas estas personas pasan a tu lado sin siquiera voltear a verte, tal vez no saben que existes. Quisiera saber hacia donde te diriges, que haces después de un día agotador, cómo te es posible mantener una sonrisa tras una jornada fastidiosa y, más que nada, quisiera saber el nombre de la persona a quien dirijo este escrito.
     Desde que tuvimos un encuentro fortuito en un vagón del metro, no podía evitar pensar en tu extraña forma de sonreír, en la forma en la que, de forma irrespetuosa y jocosa, despertabas a los pasajeros a golpes y gritos para pedirles un poco de dinero. Me intriga saber cómo es que vives a diario: si tienes un lugar donde dormir, si tienes papá y mamá, o si puedes comer 3 veces al día ¿Tendrás un nombre? 
     Hace algunos días, tuvimos otro encuentro fortuito pero, en esta ocasión, no pude notar tu hilarante sonrisa sino una cara muy triste y cansada: estabas sentado justo en el pasillo del metro, sin nadie más a tu alrededor ¿Por qué las cosas tienen que ser así? Siempre he pensado que debe haber otro camino: no tienes por que pedir dinero descalzo en el metro; los niños deberían jugar y aprender todo el día, no deberías padecer hambre; deberías recibir una buena alimentación y comer dulces, no deberías esperar tu sólo a altas horas de la noche en el metro; deberías estar en cama, tapado, calentito y soñando, no en medio de un vagón del metro... 
     No entiendo como las personas pueden verse inmutables ante una situación tan deplorable, no deberíamos estar acostumbrados a ver a las personas como extraños: al fin y al cabo son personas y no merecen menos que un trato humano, no deberían estar en las calles pidiendo comida, no tendrían por que padecer nuestra indiferencia. El día en que nos demos cuenta de que las personas que nos rodean son tan humanos como nosotros, entonces tal vez dejemos de pensar que la pobreza es algo natural, que es inherente a las ciudades o que simplemente debe haber pobres y ricos; tal vez un día podamos pensar en los demás, preguntarnos cuál es su situación y por qué la padecen, incluso tal vez un día nos atrevamos a preguntarles su nombre, después de todo, deben tener uno.
     

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