Las crónicas de Ecatepec 5: Serenata

Muchas de las viejas costumbres se pierden en nuestra época de la realidad liquida: desde tradiciones que datan de siglos hasta los más mínimos detalles de caballerosidad. Quiero creer que en Ecatepec no ocurre esto (al menos no del mismo modo). No estoy seguro de cual sea la razón, tal vez se deba a que este proceso progresivamente acelerado y constante llamado vida, parece haberse pausado en "el barrio".
     Dentro de las miles de historias que se viven en Ecatepunk, hay algunas de ellas que nos remontan a aquellas épocas en que el romance no era cuestión de "tuitazos" y pulgares arriba, no; en ocasiones, aún puedes encontrar personas que pretenden retornar a las viejas enseñanzas (a su manera). Yo, como buen "ecatepense", soy fiel a dichas enseñanzas de old school, por ende, no podía evitar la experiencia de enamorar con canciones, hacerle al juglar borracho arrabalero, despertar a los vecinos con cánticos de amor mal entonados, con guitarra en mano, llevé a cabo un acto ya por muchos olvidado: llevar serenata, y que mejor ocasión que el cumpleaños de una persona muy especial.
     Mi experiencia inicia, como muchas otras, sentado justo frente a mi computadora: mientras ensayaba una canción de Gorillaz, On mellancholly Hill, vino a mi un momento de inspiración divina, una sensación de emoción que sólo puede ser provocado por alguien sumamente especial o por una sobredosis de azúcar: me sentí agitado de repente, noté que la canción no me salía tan mal (o eso creía), veía una y otra vez varias fotos en la pantalla de mi computadora... De forma súbita, quise cantar, quise gritar de manera eufórica todos aquellos sentimientos que se alojaban en mi pecho. Sin pensar mucho (actividad que suelo hacer normalmente), me vestí de forma apresurada, tomé la guitarra, corrí hacia la sala, me robé un pastelillo, rompí una vela para cumpleaños de Snoopy y corté una rosa del jardin de mi abuela (no sin antes pincharme en varias ocasiones los dedos), puse la rosa en una botella semi-llena de agua  y, sin más, salí corriendo de mi casa.
     Puede que esto suene familiar pero, de nuevo me apresuré hacia la casa de mis padres, tomé las llaves del vocho (vehículo ideal para románticos empedernidos) y, sin decir mucho, cuando eran aproximadamente las 11 y media de la noche, me preparé para dar mi primera serenata. Las cosas no pudieron resultar peor... Al presionar por primera vez el acelerador, tiré sobre mi entrepierna el agua de la botella que contenía la rosa, frené de inmediato el carro y tanto la guitarra como el asiento trasero fueron a dar al piso. Tras secar un poco mi pantalon, limpié el exceso de agua, acomodé todo nuevamente pero, esta vez, el vocho no se encendió...
     Continúa en Las crónicas de Ecatepec 5: Serenata parte 2.
     

Comentarios

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  2. :D Mi cumpleaños contigo ñ_ñ jajaja fue el mejor que he vivido a tu lado, gracias por estar conmigo, mis amigos y sobre todo compartir tiempo con mi familia :D ¡Ya te quieren de nuevo! jajajaja

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