Every morning when I wake up...
Despierto, bostezo, no puedo abrir mis ojos, levanto mi mano a escasos centímetros del colchón para poder tantear, hurgar, buscar entre un mar de sábanas el origen de un colérico "bip" que, de forma constante, martillea mi cabeza sin piedad; las sábanas y las cobijas poseen tal poder de convencimiento... No deseo abandonar su calor, no ansío exponer mi cuerpo al inclemente frío matutino, no es una prioridad para mí el levantar un sólo pie de mi cama, no quiero.
Entre cortinas sólo se filtran delgados hilos de luz tenue que no logran iluminar ni un recoveco de mi cuarto: no dan el mismo calor que el sol en todo su apogeo veraniego, no son razón suficiente para despegarme de mi cómoda posición actual: la clásica "cucharita" con revés a la cobija. La luz no me indica con exactitud la hora actual; volteo la mirada, escaneo, hago un reconocimiento del campo de pruebas nucleares al que suelo llamar mi habitación, no puedo divisar el celular ¿A dónde se fue? Estaba aquí hace unos segundos o... Al menos eso creo: de forma repentina regresa aquel incansable "bip" que marcó mi inicio del día.
¡Deja de llamarme! ¡Te he escuchado! ¡Hasta los muertos se han molestado con tu aviso! Lo sé: deben ser las 9 de la mañana y tengo pendientes pero, no es razón suficiente para despegarme de mi cama. ¿Cómo poder negarse al acto sublime de descansar, entrar en un estado de inconsciencia, de soñar? ¿Qué poder humano, en nombre de Belcebú, sería capaz de negarme el suculento placer de holgazanear como no lo he hecho en meses? ¿Por qué habría de hacer caso a un aparatejo ruidoso que insiste en recordarme que debo estar ligado a las leyes naturales (y sociales) de la vida?... ¿Qué sucedió con el "bip"?
El silencio se ha apoderado de mi cuarto: no más ruidos, no más recordatorios, no más alarmas, debió acabarse la batería... De vuelta a mis aposentos sagrados: a un santuario destinado a mi imaginación, a mis deseos más profundos, al gusto innegable por pecar de pereza. ¡Ahora nada evitará que pueda recuperar el sueño! ¡No hay manera de que pueda rechazar la invitación que hacen las dulces almohadas! ¡No hay persona que me pueda obligar a poner un pie fuera de mi fuerte cálido! ¡No hay ningún ser humano capaz de levantarme! Nada, nada, nada excepto... una mirada tierna.
Lo sé, ya son más de las 9; lo sé, debes tener hambre; lo sé, no posees pulgares para abrir la puerta... No hay poder humano que pueda decir "no" a un canino cuyo afecto, y vejiga, te pueden hacer despertar (sonriente) cada mañana:
-Ya voy Jerry...-
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