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Memorias de la Sierra

 ¿Me pregunto si sentirás miedo en este momento? ¿Sabrás que se aproxima tu inminente muerte? El tiempo se agota y no sabemos cuándo vendrá el segador de almas por ti. ¿Recordarás mi nombre? Han pasado muchos años ya desde que trabajaste en la fábrica, inhalando humos tóxicos, laborando bajo condiciones nada favorables, juntando tu sueldo para poder gastarlo en alcohol. ¿Alguna vez pensaste en ahorrar ese dinero? ¿Pensabas en tu familia? Quiero creer que si.  Recuerdo my bien ese gusto por el aguardiente que jamás te dejó: cada vez que llegábamos al pueblo querías ir a una tienda local, a unas cuantas calles en dirección al río, hacia abajo... Recorríamos trayectos sin pavimento, con algunas piedras de río que en su momento fungieron como un elegante camino, después convertidos en grietas y cuencas por la lluvia que descendía en julio. Yo era apenas un niño, tendría unos 7 u 8 años, recuerdo perfectamente bien como llegabas con prisa a esa casa: un local de abarrotes anexado a...

La Cueva

     Hoy pude sentirlo de nuevo, esa picazón en mi nuca, una leve descarga eléctrica que se distribuye por toda mi cabeza y no me deja en paz. Mis latidos del corazón aumentan su ritmo, mi espalda se siente tensa, mi piel a veces se eriza, tengo la inmediata sensación de frío, mi mente hace lo posible por aferrarse a lo que estoy haciendo: mientras escribo respuestas a correos de gente sin pizca de sentido común, mi vista se aparta de la pantalla, mi respiración se nota agitada, he dejado de teclear... Es como si mi cerebro fuese abducido por un rayo de atracción alienígena, comienzo a separarme no solo de mi realidad, sino de las cosas que le dan coherencia (¿?) a mi día a día. Si pudiese describirlo con alguna imagen, sería como entrar a una caverna oscura llena de neblina, con cientos de agujeros que pueden mostrar el exterior, pero que no tienen modo alguno exponer lo que hay en aquella cueva; cada uno de esos agujeros por los que se cuela muy poca luz son mis labo...

Finde

En el momento preciso en que iniciaba una canción, podías distinguir su melena a metros de distancia. Regularmente eran éxitos de los 80, baladas en español y pop del más digerible, en algunas ocasiones escuchabas a bandas como Soda Estéreo o Café tacvba, no importaba, ese sujeto bailaría sin parar hasta que las bocinas guardaran silencio. Era un vendedor ambulante, regularmente usaba ropa cómoda: jeans holgados, playeras que ocultaban su verdadera complexión por varias tallas, su melena larga y lacia le cubría la mitad de la cara, un tipo de tez clara con una tremenda manía por sacudir la cabeza y bailar, tal vez su verdadero interés jamás fue vender discos. Todos los domingos sin falta, colocaba unas rejas de refresco vacías, su equipo casero de sonido, un walkman cd player y una pequeña caja de zapatos con las ofertas del día, ninguna realmente interesante... Sin embargo, podías verlo hacer pogo, saltar, realizar el más desnucador headbanging posible sin moverse de su lugar. A...

¿Por curiosidad tendrá estatuillas teotihuacanas?

Debajo de aquella cama individual podías encontrar todo tipo de objetos anidando, marcando el piso con sus formas gracias a todas las capas de polvo y pelusa que se habían acumulado al rededor de ellas. Jamás quise revisarlas. Prefería dejarlas ahí, desvaneciéndose, volviéndose parte de las penumbras que nadie se atrevía a alterar. Tal vez aquella caja contenía la ropa de mis tíos, aquellos que se habían mudado hace muchos años al gabacho y que solo habían podido llevarse unas cuantas prendas y el dinero que pudieron obtener de algunos puestos de mercado- traspasar sus vidas, dejar atrás sus responsabilidades e iniciar desde cero-, admito que yo no me he atrevido y por eso los admiro, aún así, ¡qué descaro! mira que largarse del país dejando sus chinches acumulándose por todas partes: esa ropa vieja, inservible, que solo acumula polillas y polvo debajo de mi cama, ¿por qué dejarla ahí si pudieron donarla o regalarla a gente que podría necsitarla? Tal vez no les dió tiempo de nada, el...

7:25

Das dos pasos más hacia adelante, no tanto, estás por rebasar la línea amarilla, escuchas alguna canción emanar de las pantallas que cuelgan por todo el andén, algún beat repetitivo, una puta canción de TRAP, da igual, no hagas caso.  No lo has notado, pero por lo menos 10 figuras desconocidas ya están rodeándote, no sé quienes sean, no quiero saberlo, no tienen por que saber de mi, el anonimato me permitirá continuar sin contratiempos este mal viaje, observa el suelo.  La cercanía de las personas te incomoda, te molesta. Puedes sentir su maldito aliento en tu nuca, su olor, puedes saber si acaban de salir de casa sin desayunar pues su fétido vaho matutino se percibe en el aire viciado del andén, algunos aún huelen a cama, huele a ser humano... No ha llegado aún el tren y las personas ya se han aglutinado alrededor de los señalamientos de ascenso y descenso, una medida bastante inocua que pretendía dar un poco de orden a las caóticas mañanas en el transporte público. Todos...

¿Estás al Tiro Phife? 1

Fue como en cualquier otro domingo: una vuelta con el Patas al tianguis, buscando rolas, puestos con cartas, anime, esquites, más discos, a lo mucho 30 pesos en las bolsas y todo parecía ser una oportunidad; chácharas, playeras de paca, discos otra vez... Amábamos ir a comprar CD´s y babear por las ediciones originales que vendía un señor al fondo del tianguis (jamás le comprábamos y solía hacernos gestos hasta que el Patas ahorró para conseguir un disco de Placebo), aquel era uno de los últimos puestos que guardaba todo tipo de joyas inaccesibles para dos pubertos sin mesada, por lo que nuestra opción razonable para saciar las ansias de capital cultural eran (por su pollo) los puestos de copias ilegales.  Había algo de la marginalidad del barrio que me encantaba: me gustaba pensar que no era el tipo nerd de la secundaria que jamás ejercitaba su cuerpo, el tipo al que jamás invitas a jugar fútbol o al que pones de portero, aquel carnal del Game Boy que nunca decía malas palabras ...

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No sé por cuánto tiempo sonó la alarma, tal vez molestó a los vecinos por días sin que pudieran hacer algo al respecto, pude escuchar todas las cosas que decían pero preferí mantenerme inmóvil frente al monitor: recorrer cientos de archivos, sin reconocer ningúna imagen mía, ningún álbum me parecía familiar, yo no estaba presente en esas fotos. Tenía que cortar el enlace. Subir las escaleras fue una tarea titánica sin precedentes,  cada escalón parecía alargarse y ensancharse en la medida en que me acercaba al siguiente piso, no tenían fin; algo se movió, una flecha despedazó el silencio, pude sentirlo, era su mente derramándose, regándose por todos lados. Todo parecía suceder cerca de mi, pero no pude verlo, estaba a escazos milímetros, siempre tan próximo. Enciéndelo, ¡pulsa el maldito botón! No lo apagues por piedad de DIOS... ¿Qué se supone que debo hacer aquí? Afuera no me espera nada, no hay nadie. Puedo sentir el vibrar del teléfono, pero nunca llamaste. ¿Qué habrías hec...