Las crónicas de Ecatepec 4: La secundaria, primera parte.
Aún puedo recordar claramente mi primer día de secundaria: Ahí estaba yo; un niño de 12 años con gafas de nerd, peinado al estilo benemérito de las Américas, un uniforme que constaba de los "originales" pantalones grises con cuadros y un suéter verde, padecía sobrepeso y mi mochila era de los 49´s de San Francisco ¿Qué hacía un niño así justo en medio de la explanada de la secundaria técnica número 130 "Serapio Rendón Alcocer", una de las peores escuelas de la zona, también conocida como la última esperanza? Eso ya no importaba; al contemplar el caos y la anarquía que se vivía en ese sitio, no pensé en otra cosa que salir corriendo de ahí, pero ya no era posible... Las clases habían comenzado.
Lo primero vi al entrar a ese sitio fueron barrotes: protecciones para cada una de las ventadas de los pocos salones de clase, parecía una penitenciaría pero llena de delincuentes muy jóvenes: Mis nuevos compañeros de escuela parecían tener más de 13 años cumplidos, algunos de ellos con severos problemas de acné y bigotes. Las niñas, por su parte, gritaban groserías y utilizaban bastante maquillaje y faldas tan cortas que harían sonrojar a Hugh Hefner, ¿Qué clase de antro era aquel?
Recuerdo con miedo que al hacer una fila para poder ingresar a nuestros respectivos salones, un "niño" de más de 1.70 metros de estatura jaló la mochila de otro alumno y lo hizo caer al suelo, después le atizó un puñetazo en el estómago y el pobre chico se limito a lanzar un leve quejido y levantarse.
¿Qué clase de patán era yo para merecer estar en una escuela cómo esa? ¡Mi promedio en primaria había sido de 10, yo no maldecía, estuve en el equipo de oratoria de la escuela, incluso era católico! ¿Cuál fue mi pecado para haber entrado al mismísimo infierno sin escalas? Ningún otro que el de ser un niño antisocial: No importaba en que secundaria me encontrara, no tenía muchos amigos, así que ese aspecto no me importó nunca; creí que ir a la secundaria más próxima a mi hogar no cambiaría mi situación, sin embargo, poco tiempo después, me daría cuenta de lo valiosos que pueden ser los amigos en un entorno hostil y lleno de vicios. Yo debía adaptarme o perecer...
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