The rain falls down

Siempre he guardado muy gratos recuerdos de la lluvia: solía contemplarla desde la ventana de mi cuarto y me llenaba de paz; podía mirar como las gotas de agua lo impregnaban todo, como descendían por el vidrio de mi ventana acumulándose hasta derramarse una por una, justo desde la esquina de la pared. Las tardes y noches lluviosas me parecen un momento excelente para todo: escribir, leer un buen libro, tomar un poco de chocolate, escuchar música, recordar, reflexionar, dar un beso... Todo puede convertirse en un ritual muy agradable si es acompañado de lluvia. 

     En estos momentos vienen a mi mente más recuerdos relacionados con la lluvia: una tarde de llovizna, la esquina de una calle vacía, la noche recién llegada, una flor blanca, una luz tenue nos empapa, observo con nerviosismo el par de ojos que me miran de frente... Los recuerdos van y vienen como si se los llevara la lluvia.  El día de ayer, pude agregar otro recuerdo muy agradable a mi colección, pero, la situación fue muy distinta:  no se trataba de la misma esquina vacía, no había luz tenue, no hubo flor blanca, las gotas de agua caían más fuerte, no se trataba de una calle vacía, de hecho, había cientos de personas, pero, en un ambiente tan distinto, hubo algo que pareció ser exactamente igual: si, eran aquellos mismos ojos.

     Estoy seguro que pude observar esos mismos ojos que solían mirarme de forma tan peculiar, tan única, tan cálida, se trataba de esa calidez que puede mantenerte tibio aún pese a estar en medio de un chubasco, es aquel calor sólo puede expresar una mirada tierna, la mirada de alguien que cuyo corazón simplemente siente. Es probable que la lluvia pueda llevarse muchos recuerdos y experiencias, después de todo cuando  cae, se lleva los males del mundo consigo,  pero no pasa sin dejar rastro.

     Ni con los métodos de pronostico climático más sofisticados puede preverse con total exactitud el rumbo de la lluvia: puede ser catastrófica en forma de huracán pero, del mismo modo, puede ser un evento tan agradable como un goteo delicado sobre ti, sobre tus mejillas, sobre tu cuerpo, o simplemente sobre una bolsa de plástico en tu cabeza; no importa si estas rodeado de cientos de personas, o estás de pie justo al lado de un faro en una calle solitaria, saber que la calidez de una mirada puede quitarte el frío, es suficiente razón para empaparse juntos en una noche lluviosa.

   

Comentarios

  1. una flor blanca, y ahora flores naranjas, un beso bajo un farolito con lluvia quedita y ahora besos... muchos besos suaves a la par de una lluvia intensa :D es lindo dar besos cuando tienes la cara mojada :D Te quiero

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    1. n_n :D Te quiero mucho clau, me alegra saber que te gusta lo que escribo. A poco no es bonita la lluvia?

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